La Noche de la Universidad

Como ya es habitual en las recientes ediciones del FAOT, una de las Noches de Gala es protagonizada por la Universidad de Sonora; concretamente, por los estudiantes de la Licenciatura en Artes, opción Canto. En esta edición 2010 el concierto estuvo a cargo de tres jóvenes cantantes: Nadia Lamadrid, soprano; Christopher Valenzuela, tenor, y Juan Carlos Rodríguez, bajo-barítono; ellos fueron atinadamente acompañados al piano por Héctor Acosta, cuya sólida preparación se puso al servicio de los intérpretes. Con variado avance en sus estudios pero dotados de igual entusiasmo en su deseo de ofrecer al público una muestra significativa de la formación alcanzada bajo la guía de sus respectivas maestras, Marybel Ferrales y Gabriela Copca, conformaron un programa que incluyó lieder, canciones de concierto y algunas de las más representativas arias de la ópera italiana, desde Mozart a Puccini, cubriendo así más de un siglo de creaciones líricas para la escena.

Aunque sin cambios en su contenido, a última hora el programa sí sufrió considerables modificaciones en su orden de ejecución –que quizá era más lógico, pero resultaba confuso para el público asistente al Palacio Municipal de Álamos– sin que mediara el anuncio previo correspondiente. Así mismo ignoro por qué razón la soprano Lamadrid no participó en el primer apartado dedicado al lied europeo, ni en un dúo con el bajo barítono; asimismo se omitió incluir en el programa al menos un trío –de los tantos en que abunda la literatura operística– o preparar el encore que el público pedía y esperaba. Son cuestiones que también forman parte del aprendizaje, y errores que hay que evitar ya desde esta etapa temprana de su carrera.

No obstante, el respetable brindó cálidos aplausos a cada una de las interpretaciones, seducidos sin duda por la bella presencia y ágil voz de la joven Nadia Lamadrid, misma que le permitió abordar –no sin algún tropiezo– páginas tan difíciles como el aria de Norina de Donizetti, o el “Caro nome” de Verdi; el firme registro agudo de Christopher Valenzuela se puso de manifiesto al sostener la alta tesitura del dúo de Don Pasquale y acometer con aplomo el Do del aria de Rodolfo en La Bohemia; muy aplaudidas fueron igualmente la gracia y desenvoltura de Juan Carlos Rodríguez, al encarnar a algunos de los personajes característicos del bajo bufo como Leporello, Don Basilio y Dulcamara, con los que se aprecia que se siente a gusto.

Como conclusión del recital, además de la “Íntima” de Tata Nacho, destacable fue la inclusión de dos emblemáticos compositores cubanos: Eduardo Sánchez de Fuentes y Ernesto Lecuona. En sus canciones “Mírame así” y “Vuelvo a ti”, respectivamente, se advierte no sólo la buena factura y el don melódico, sino también una pasión que fue bien expresada por los jóvenes intérpretes. Promisorio futuro les espera a estas tres promesas sonorenses del canto, a juzgar por su talento, entrega y determinación.

Francisco Méndez Padilla.