Estudiantina Dr. Alfonso Ortiz Tirado

Boletín ISC - FAOT 2010 No. 097 / Enero 28, 2010

Diariamente a las 21:30 horas, 17 jóvenes – 11 tunos, un novado y cinco pardillos-, además de un burrito blanco, se apuestan en las afueras del Palacio municipal de Álamos, Sonora. Es una tradición que nació en 1989.

A Omar Salas -profesor de día y tuno de noche-, más de catorce años de experiencia en la escena musical alamense lo avalan para ser la voz que nos ha dado un recorrido por la historia de esta agrupación, misma que surgió como una propuesta del Instituto Sonorense de Cultura, ISC, tomando como referencia el Festival Cervantino, de Guanajuato.

Señaló que desde que se hizo la propuesta, se tuvo una gran intención que se recibió con gran energía, sólo que no había muchos recursos: la primera vez que tocaron se vistieron con un pantalón negro y camisa blanca; la única inversión que se hizo fue la de mandarles confeccionar unas capas, que emulaban la idea de la estudiantina.

Para su fortuna, alguna persona de los asistentes al festival, que hasta ese momento tuvo el nombre de “el tenor nacido en Álamos”, aprobó gustosamente el repertorio de música española con el que se presentaron, y como consecuencia, mostró su interés en patrocinar sus primeros uniformes, para lo que se mandó traer un sastre desde Mérida, Yucatán.

Al momento, en poco más de dos décadas, han pasado más de 150 jóvenes por las filas de la Estudiantina, quienes van y vienen por razones de desarrollo personal. Cabe señalar que ya no hay ningún integrante fundador de la doctor Alfonso Ortiz Tirado.

Del paso doble a la rumba flamenca
Resulta importante hacer mención a que su conformación no ha sido algo fortuito, por el contrario, para ello contaron con la instrucción de Rodolfo Covarrubias, director de la Estudiantina de la Universidad de Sonora, quien los introdujo en el conocimiento de lo que es una estudiantina, todos los elementos que lo comprenden, cómo debe ser su repertorio, que inicialmente fue “el doble paso”, algo muy español, y que ahora, tras el desarrollo de un estilo propio, para efectos del FAOT, incluye rumba flamenca, con la que inundan de alegría el ambiente y las calles del lugar.

Para ello se apoyan con un bajo, que es la base del ritmo; instrumentos de acompañamiento como la guitarra; de melodía como acordeón, mandolina, bandurria, tricordio y cuatro venezolano, e instrumentos de percusión como son las tradicionales castañuelas, pandero, y últimamente unas congas, que le dan ambiente al ritmo que manejan.

Omar Salas expresó que se sufre mucho para llegar a ser pardillo, incluso que hay quienes nunca lo logran; aclaró que esta distinción también exige la responsabilidad de tener mayor participación dentro del grupo, además de que requiere un dominio completo del repertorio y la ejecución de más de un instrumento musical.

Historia del uniforme
El atuendo que utilizan los integrantes de la estudiantina, data del siglo XIV, tiempo en que algunos jóvenes se daban cita para llevar serenata a las muchachas, desde entonces, pese a tener un objetivo en común, hay tres rangos que los diferencian: pardillo, novato y tuno.

Esta diferencia no sólo se observa en sus actividades, sino también en el atuendo que portan: el de los pardillos, por ejemplo consta de un pantalón corto, a la rodilla, medias y camisa blanca; un chaleco negro, con tintes en colores púrpura y dorado, y zapatos negros. Por su parte, el intermedio o novato, además lleva un saco, que se llama jubón.

Por el contrario, debido a su experiencia, el tuno, quien goza del rango más alto, además de lo anterior, lleva una “V” de color púrpura al pecho, por el lado derecho porta el nombre de la agrupación bordado y por el izquierdo el logo de la institución a la que pertenecen, que en el caso de esta estudiantina, es el Museo Costumbrista de Sonora.

Otra característica, o privilegio que les da la imposición de la “V” a los tunos, es que les da la facultad de mandar a cualquier integrante que tenga un rango inferior, de cualquier estudiantina, esté donde esté.

Sin duda, lo más vistoso de este traje son las cintas que portan sobre la capa, en la espalda. En el siglo XIV los jóvenes llevaban serenatas y cuando a las jóvenes elegidas les gustaban, en señal de agradecimiento se desprendían del listón que ataba su cabello y “como trofeo”, lo incorporaban a su capa.

En la actualidad, la historia de las cintas aunque no deja de ser una recompensa, ya no es tan apegada a la versión original: en el caso de la estudiantina que nos ocupa, representan cada una de las actuaciones en las que participan fuera de Álamos. En ella va inscrita la fecha, el lugar y el nombre del evento.

El elemento extra
La participación del burrito que carga unas cajas adornadas con coloridas flores de papel es una idea original de los músicos alamenses; si en el Cervantino ofrecen porrón, aquí se sirve vino de mesa. La idea fue de Antonio Estrada, director del Museo Costumbrista de Sonora.

El primer burro no tenía nombre y ya murió, pero no la tradición y ahora es “Gaspar”, quien no sólo carga las cajas con el vino sino que también les gana los reflectores; hay muchos que buscan tomarse una foto con él porque ya forma parte de la tradición.

Los entrevistados participan en otros festivales culturales, congresos y para grupos de visitantes que solicitan callejoneadas; a veces tocan en hoteles particulares para los tours que vienen a Álamos. Han viajado a Phoenix, Tucson, San Francisco, Napa y Monterey, en Estados Unidos; obviamente también han cantado en Guanajuato. Ni qué decir que son solicitados para eventos sociales y hasta misas.

Por el interés de aumentar el número de integrantes y así fortalecer y mantener viva esta tradición, la invitación siempre está abierta para quienes deseen ingresar, muchos inician siendo niños y por eso se hace la convocatoria en las escuelas, además de que por lo general en cada familia hay antecedentes musicales.

La estudiantina y el festival
Llevar el mismo nombre del festival, que hace honor a un alamense distinguido a nivel mundial, en palabras del entrevistado, es una distinción muy grande, que ha hecho, incluso, que haya quien identifique al festival como “las callejoneadas de Álamos”.

Dijo que tienen un profundo agradecimiento con el ISC porque les ha permitido la presencia y la permanencia festiva, que los sigue respaldando con su nombre y que ahora los proyecta a nivel internacional. Como anfitriones, destacó, es un orgullo tener la oportunidad de recibir a la gente y de deleitarla noche a noche con su alegría y su canto.

Previo a la Callejoneada
Antes de dirigirse a la entrada de Palacio municipal, los integrantes de la estudiantina se concentran en el Museo Costumbrista, su casa, en donde tienen un espacio reservado; ahí visten sus trajes, conviven, afinan sus instrumentos y, cuando hace mucho frío, vocalizan para no dañarse la garganta. Mientras, por fuera, los espera Gaspar.

Después, todos juntos se dirigen al punto donde iniciarán su presentación, en donde también ya los espera gente dispuesta a seguirlos, cantando, bailando y mostrando no sólo aceptación, sino respeto a lo que para algunos representa su forma de ganarse la vida, y a quienes se les retribuye con canciones de todos los tiempos y con arreglos del momento, pero que llegan a todas las generaciones.

La Estudiantina Doctor Alfonso Ortiz Tirado ha grabado tres discos y para este año esperan realizar otro, y que más que un recuerdo sea un elemento práctico de su proyección, que de alguna manera contribuirá a solventar algunos de sus gastos y necesidades.