Zaikocirco: música, color, fuerza, baile, acrobacia y malabares
Boletín ISC - FAOT 2010 No. 076 / Enero 25, 2010
¡Un espectacular circo itinerante llena de júbilo y alegría la tarde-noche de Álamos!
Son alrededor de las 6:00 de la tarde, y justo cuando el sol se despide de su diaria jornada aparece Luna Morena, un grupo artístico tapatío de veinte integrantes que con su talento y ritmo provocan la simpática persecución de los asistentes al Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado.
Su propuesta se llama Zaikocirco y en ella combina música, color, fuerza, baile, acrobacia y malabares. La gente camina tranquila por las calles adoquinadas, algunas se detienen en la Plaza de Armas, frente a la pantalla que retransmite los eventos más recientes, en algunos puestos de artesanías y productos comestibles de la región y de pronto, una voz amplificada por un megáfono los hace voltear hacia el callejón contiguo al Palacio municipal.
Acto seguido se escuchan trompeta, trombón, un saxofón, distintas percusiones, un violín, un acordeón, así como los gritos de emoción de aquellos que están más próximos. Se rompe el silencio y hasta el escenario principal del festival se inunda de la fiesta callejera y sin duda, mul-ti-dis-ci-pli-na-ria. Como si no fuera suficiente, los sonidos armónicos se han colado por los balcones y llegan hasta la planta baja, ¡sin duda la fiesta ha llegado!
Incluso hasta quienes, programa en mano, llegan a comentar que sienten un dejo de tristeza por la vida circense, al transcurrir de los minutos se olvidan del prejuicio e inevitablemente ladean la cabeza, aguzan el oído, voltean y con una expresión de sorpresa ven aparecer hombres con enormes tacones cubiertos por largos pantalones acampanados, un zanquero articulando un títere humano, personas que portan máscaras nada delicadas, o un maquillaje muy cargado, hombres vestidos con mallas que atraen la atención de cualquiera, mujeres vestidas de brujas principescas, y hasta un fortachón que hace malabares con una bola de cristal que aparece y desaparece ante los ojos de un publico, totalmente cautivo.
¿Qué pensaría Ortiz Tirado?, ¿acaso tendría humor para tanto?, la fiesta lleva su nombre y, en consecuencia la gente disfruta por él. Las bancas verdes de las plazas, las frías banquetas y los escalones de las fachadas, en ocasiones descalabrados, son una butaca de lujo para quienes acuden al festejo. Cualquier espectáculo atrae curiosos, escépticos y admiradores. Las nacionalidades conforman una sola raza, los idiomas se hacen uno con la música.
Cómo no pensarlo, Álamos irradia vida. Alfonso Ortiz Tirado genera alegría. Luna Morena termina su recorrido por la calle Juárez, muy cerca de la casa donde nació el doctor, ha terminado el día, le da paso a la noche, a la ópera, a la callejoneada, a un mañana de fiesta…



