Proyecto Zero 1

Un par de presentadores anunciaron al grupo. Se trata de Proyecto Zero 1, tres músicos de Michoacán, quienes elaboran una suerte de rock progresivo apoyados en guitarra, bajo, batería y un secuenciador. Sin mediar palabra comenzaron a tocar. Después de una introducción por computadora, un estallido de cuerdas y tambores ocasionó que la alarma de un auto se encendiera. Tenían acompañamiento fortuito.

En el escenario del 25 Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado, FAOT Internacional 2009, montado en la plaza Alonso Vidal el trío comenzó con fuerza. Su propuesta atrajo a un buen número de jóvenes que probablemente paseaban por los alrededores, disfrutando de una noche de domingo hermosillense.
Desde el principio las secuencias y la batería marcaban el ritmo, pero el protagonista principal de esa noche era el guitarrista, quien descargaba sonidos de rock progresivo, muy emparentados con el metal. De un ritmo calmo pasaban a otro tono más denso, lleno de figuras que el guitarrista realizaba con su instrumento.

Los punteos del guitarrista de pronto eran casi jazzísticos, para de ahí pasar de nuevo al  sonido progresivo, casi metalero. Los vendedores en la plaza aprovechaban para ofertar sus productos: globos, rehiletes, dulces de algodón. En el extremo de la plaza, otros vendedores ofrecían tamales, bebidas, artesanías.
A unos metros del concierto, en catedral tenía lugar la otra verbena, la dominical. Algunos aprovechan para asistir a la misa, pasear a sus mascotas, reunirse con amigos y familiares. En la plaza Alonso Vidal estaba la fiesta musical, fuerte, ruidosa, catártica. Proyecto Zero 1 continuaba con su espectáculo.

¿Es asombro lo que denotan algunos rostros? ¿Sorpresa? ¿Gusto? Ciertamente nunca se había escuchado en este lugar algo así. Los músicos michoacanos siguen con su concierto. Más jóvenes se acercan a disfrutar de la música. Esto es lo que nos gusta, parece que piensan. Unos bailan, otros jóvenes se sientan en el piso y platican mientras el recital continúa. Lleno total en la plaza.

Se escuchan los primeros cantos provenientes del secuenciador. Son unos segundos de tranquilidad, ya que los músicos apenas hacen pausa, ya sea para darle espacio a los ritmos del secuenciador o para que el guitarrista cambie de instrumento. De pronto otro estallido de cuerdas. La música recuerda a Orion, un tema de los primeros discos de Metallica.

Bajo y guitarra son ejecutados a ritmos rapidísimos, parece aquello un ejercicio de virtuosismo.  La calma llega de nuevo con sólo los sonidos de la computadora. Los tres músicos esperan su parte. Atacan los tres al mismo tiempo fuertemente. Los jóvenes en la plaza se mueven, bailan, aquello les gusta.

De pronto termina. Bajista y guitarrista dejan sus instrumentos. El baterista se despide con las manos. Parece que como llegaron se irán: sin decir ni una palabra. Pero el de los tambores toma el micrófono y agradece al público su presencia. Recuerda al público que tienen discos a la venta, agradece a los organizadores del festival la invitación y se despide con estas palabras: ¡cuídense ciudad! 

Jueves 21 de 2010