Voces de la Universidad de Sonora

La Quinta Noche de Gala del FAOT estuvo dedicada a la Universidad de Sonora, con la participación de tres jóvenes sopranos que cursan la Licenciatura en Artes opción Música en la Unison.
Cecilia Cumplido, Gisela Machado y Dana Chávez, acompañadas al piano por Héctor Acosta, ofrecieron un recital que incluyó una variedad de géneros vocales: arias de óperas italianas y francesas, algunos ejemplos de zarzuela, mélodie francesa, canción española de concierto, folclor brasileño y canción fina mexicana.
La velada comenzó con un trío de mélodies, en el que destacaba la inclusión de la Sérenade de Pauline Viardot, célebre mezzosoprano, hermana de otra leyenda del bel canto italiano, la soprano María Malibran, e hijas ambas de Manuel García, tenor favorito de Rossini. Importantes compositores se inspiraron en la prodigiosa voz de Viardot, una de las mujeres más influyentes del mundo musical de su época, y quien a su vez fue autora de un variado grupo de canciones.
Fue interesante escuchar también una canción de juventud de Claude Debussy, basada como muchas de las que escribió en esa primera etapa, en versos del poeta Théodore de Banville. Once canciones inspiraron al joven Debussy, aún estudiante del Conservatorio de París, la obra de Banville, entre ellas Pierrot. Finalmente de Francis Poulenc, quizá el último gran representante de la lírica francesa, se eligió una de sus canciones más seductoras y a la vez menos sofisticadas, en comparación con el resto de su vasta producción vocal: Les chemins de l’amour, vals escrito en 1940, con texto de Jean Anouilh.
La selección de arias de ópera hecha por las jóvenes sopranos sonorenses, abarcó desde números bien conocidos del público como la cavatina de Rosina de El barbero de Sevilla –adecuadamente adornada para la versión de soprano-, el brillante vals de Julieta del Romeo y Julieta de Gounod, y el aria de Mimì de La bohemia pucciniana, hasta fragmentos que durante mucho tiempo habían sido escasamente difundidos, como la Canción a la luna de Rusalka (Praga, 1901) de Dvorak, apasionada invocación que la ondina que da nombre a la ópera eleva a la luna para que proteja su amor por un mortal. El recital incluyó también autenticas rarezas como el Aria de la risa, de la Manon Lescaut (París, 1856) de Daniel Auber, precursora de las versiones que sobre el mismo tema realizarían Massenet y Puccini, y en la que la coqueta protagonista se ríe mientras canta para sus admiradores.
Los cinco fragmentos de ópera permitieron a las intérpretes un buen lucimiento de su habilidad vocal y expresiva, destacando el bello timbre de Dana Chávez, y especialmente en el caso de Cecilia Cumplido y Gisela Machado el despliegue de un buen registro agudo y dominio de la coloratura. Estas características de la voz de ambas cantantes se pusieron de manifiesto también con las dos romanzas de zarzuela con las que dio inicio la segunda parte del concierto: La canción del ruiseñor de Doña Francisquita (1923) de Vives, y la Polonesa de El barbero de Sevilla (1901) de Giménez, pues ambos números requieren de gran virtuosismo.
Hubiera sido adecuado que Dana Chávez también ofreciera una muestra de zarzuela para hacer más sólido el bloque dedicado al género lírico español. Sin embargo los números tomados de la versión de Amadeo Vives de La discreta enamorada de Lope de Vega, y del sainete cómico de Nieto y Giménez sobre una representación provinciana de la famosa ópera de Rossini, fueron bien apreciadas por el público que llenaba el patio central del Palacio Municipal, quien también aplaudió las pequeñas muestras de la canción española y brasileña de concierto, ofrecidas por Gisela Machado.
El recital llegó a su parte final con la inclusión de algunos de los más representativos autores de la canción fina mexicana: Greever, Fernández Esperón, y en un encore armado a modo de popurrí, Del Moral, nuevamente Greever, y Esparza Oteo. Los cuatro compositores pertenecen a la llamada “época de oro de la canción mexicana”, que coincide con los años de esplendor de la radio en México, cuyas ondas difundían las versiones de Te quiero dijiste, Júrame, Tengo nostalgia de ti, Nunca digas o Dime que sí, en las voces hoy legendarias de Mojica, Arvizu y, por supuesto, Ortiz Tirado. Fue en esta parte donde el acompañamiento del también joven pianista Héctor Acosta fue especialmente efectivo, pues aunque mostró solvencia al acompañar las arias de ópera y los demás números del recital, dotó a la música mexicana del carácter adecuado y de una mayor soltura técnica e interpretativa
No hay duda de que las tres jóvenes sopranos que protagonizaron la Noche de la Universidad van bien encaminadas para desarrollar a plenitud sus facultades, aunque hoy por hoy descuella la voz y carisma de Cecilia Cumplido; no obstante, Gisela Machado y Dana Chávez, también con buena voz y presencia, son buena muestra del talento vocal que abunda en Sonora. Ahí está la soprano Margarita Estrada para demostrarlo, al ser ganadora del Tercer lugar de la edición 2008 del Concurso Carlo Morelli, en el que fueron ganadores en años anteriores la soprano Flor Herrera, el barítono Octavio Moreno y el tenor Arturo Chacón.



















