El Ensamble Vocal de la Galería Nacional de Arte de Washington protagonizó la Noche Norteamericana del FAOT.
El sexteto estadounidense ofreció un amplio recorrido por la música vocal creada en el continente americano desde la Colonia hasta nuestros días.

La sexta Noche de Gala del Festival de Álamos brindó al público asistente la oportunidad de realizar un viaje musical por el Nuevo Mundo, a través de un recital que incluyó desde obras polifónicas de los virreinatos del Perú y de la Nueva España, hasta piezas de autores estadounidenses contemporáneos, pasando por los nombres más significativos de la creación coral de nuestro país vecino durante los siglos XVIII y XIX, o las aportaciones hechas por compositores mucho más conocidos como Baber y Copland, o el argentino Guastavino.
Ensamble vocal residente de la Nacional Gallery of Art de Washington, uno de los museos más importantes de los Estados Unidos, este sexteto formado por dos sopranos, una mezzosoprano, un tenor y dos barítonos, nació con el propósito de realzar las exposiciones que se presentan en la máxima sala de exhibición de la capital norteamericana. De esta manera, han interpretado obras de la escuela franco-flamenca del siglo XVI para una exposición de pintores contemporáneos de Rembrandt; madrigales de Monteverdi para una muestra renacentista italiana, o música de Elgar y Britten para una exposición de fotografía inglesa del siglo XX, entre muchas otras presentaciones.
Al inicio del concierto la directora y soprano primera del grupo, Rosa Lamoreaux, se dirigió al público para ofrecer una suerte de introducción sobre las características del recital, articulado en cuatro bloques: música religiosa, a capella, del tiempo de la Colonia; piezas corales estadounidenses de los primeros exponentes del género coral y su evolución en el siglo XX; dos pequeños ciclos de canciones del californiano Lauridsen y del argentino Guastavino; y finalmente una selección de arreglos para coro de melodías tradicionales de las islas británicas.
El canto procesional en quechua Hanacpachap cussicuinin del franciscano Juan Pérez Bocanegra (1598-1631), considerada la primera pieza de música publicada en América (1631), abrió adecuadamente este recital que continuó con motetes de compositores novohispanos como Don Hernando Franco (1532-1585) –indio noble que utilizó el náhuatl para sus cantos de alabanza a la Virgen– y Francisco López Capillas (1608-1674), el primer criollo en ser designado maestro de capilla de la catedral de México.
Considerado como el padre de la música coral norteamericana, una obra de William Billings (1746-1800) dio la visión del pujante ambiente musical en las colonias británicas de América durante el siglo XVIII, mientras que una pieza de George Chadwick (1854-1931) puso el acento en el quehacer musical de Nueva Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX. Llegados al siglo XX, Aaron Copland (1900-1990) y Samuel Barber (1910-1981) serán nombres imprescindibles para el desarrollo de la música norteamericana moderna, y su contribución al género vocal estuvo bien representada por obras tomadas de la colección Old American Songs (1952) y Hermit Songs (1931), respectivamente.



















