Concierto de Clausura de la 25 edición del FAOT

Acompañada de la Filarmónica de Sonora dirigida por James Demster, la soprano Olivia Gorra clausuró el 25 FAOT Internacional 2009, recibiendo la Medalla Alfonso Ortiz Tirado de manos del gobernador Eduardo Burns.

Acompañada de la Filarmónica de Sonora dirigida por James Demster, la soprano Olivia Gorra clausuró el 25 FAOT Internacional 2009, recibiendo la Medalla Alfonso Ortiz Tirado de manos del gobernador Eduardo Burns.

Con un programa integrado por obras de Strauss II, Gounod, Puccini, Ponce, Greever y Portillo se llevó a cabo el Concierto de Clausura de la 25 edición del Festival dedicado a la memoria del inmortal tenor alamense. En el marco de este evento, la soprano veracruzana Olivia Gorra, una de las voces mexicanas de la actualidad, unió su nombre al de los otros cinco distinguidos artistas mexicanos que han recibido la máxima presea que otorga el Festival, instituida en 2004: el tenor Alfonso Navarrete, el compositor Arturo Márquez, la mezzosoprano Martha Félix, el cellista Carlos prieto y el tenor Francisco Araiza.

El director James Demster, al frente de la Filarmónica de Sonora, dio inicio al concierto con la obertura de El Murciélago, o Die Fledermaus por su título en alemán, del austriaco Johann Strauss II (1825-1899), mundialmente aclamado por sus bellísimos valses. Considerada como la mejor opereta jamás escrita, este torbellino de valses que envuelven a prósperos burgueses embromados y finalmente los ahogan en ríos de champaña, se estrenó en Viena en 1874, y veinte años más tarde ya le había dado la vuelta al mundo.  Uno de los números más famosos de El Murciélago es sin duda su obertura, concebida en forma de popurrí, y por donde desfilan las melodías más representativas de esta opereta; la orquesta la interpretó con bastante soltura, habida cuenta de la dificultad que entraña dominar adecuadamente su chispeante estilo.

La participación de la soprano Olivia Gorra dio inicio con un aria del Roméo et Juliette de Charles Gounod (1818-1893), ópera estrenada en el Théatre Lyrique de París en abril de 1867; ya célebre gracias a su Faust, presentado en 1859, Gounod abordó la famosísima historia de los amantes de Verona para crear una de sus más delicadas partituras. Aunque los amores de Romeo y Julieta llamaron la atención de innumerables compositores antes y después de Gounod, el drama de Shakespeare encuentra en el músico francés un magnífico exponente, ya que se adapta a la perfección a su sensibilidad melódica y dota a los personajes de páginas de gran lirismo, de las cuales Olivia Gorra cantó el famoso vals “Je veux vivre…”.

Giacomo Puccini (1858-1924), heredero y último representante de la antigua tradición operística italiana que Verdi llevara a su clímax, estaba dotado de un agudo sentido teatral y poseía, como Bellini a principios del siglo XIX, del inefable don de la melodía; no hallamos en el catálogo del compositor nacido en Lucca una sola partitura que no contenga algún fragmento famoso y popular entre el público.

Tal es el caso del aria “O mio babbino caro…”, que ha alcanzado gran difusión últimamente. Este gustado fragmento pertenece a la ópera Gianni Schicchi, última de  las tres obras que conforman Il trittico, estrenado por Puccini en el Metropolitan de Nueva York en 1918, y que está precedida por Il tabarro y Suor Angelica. En ella, el compositor utiliza un pasaje de la Divina Comedia de Dante para crear un delicioso fresco de la Florencia renacentista, asignando a Lauretta una página de arrobadora sencillez para enternecer el corazón paterno del astuto Schicchi.
La última parte de este concierto incluyó algunas canciones de la llamada “época de oro de la canción mexicana”, período que coincide con los años de esplendor de la radio en nuestro país. A través de las frecuencias de la XEW, la XEQ y XEX se escuchaban las canciones de María Greever, Esparza Oteo, Tata Nacho, Jorge del Moral y Mario Talavera, interpretadas por voces hoy justamente legendarias, como las de José Mojica, Juan Arvizu, Nicolás Urcelay, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado y un largo etcétera.

Dos de los compositores presentes en este concierto evocan las glorias de aquellos años 30 y 40 que con un dejo de nostalgia saludaban la creación del México moderno. Manuel M. Ponce (1882-1948) supo devolver a la canción popular su vigencia, rescatando ritmos y armonías tradicionales, y haciéndola entrar a los salones de la alta burguesía mexicana. Una de las canciones de Ponce que le ha dado la vuelta al mundo es Estrellita, interpretada e incluso grabada por grandes cantantes de ópera, como Lily Pons, Beverly Sills, Alfredo Kraus, Francisco Araiza e Irma González, por citar sólo algunos. De hecho fue a Esperanza González, hermana de la gran soprano mexicana recientemente desaparecida, que Ponce dedicó la partitura de Estrellita.

En esa época llegaban también desde Nueva York los primeros éxitos de María Greever (1894-1951), cuyo nombre de soltera era María Joaquina de la Portilla, pero que adoptó en 1916 el apellido y la nacionalidad norteamericana de su marido. La grabación que hiciera José Mojica, estrella por entonces de la Ópera de Chicago, de su canción Júrame le abrió a María Greever nuevos horizontes, e incluso los estudios Paramount la contrataron para escribir la música de algunas de sus películas. Escribió más de 700 canciones, entre las que se encuentra otra de las que interpretó Olivia Gorra, Cuando vuelva a tu lado.

El programa oficial del concierto de clausura concluyó con otra bien conocida canción, esta vez del compositor cubano César Portillo de la Luz (1922), y que lleva por título Contigo en la distancia. A finales de los años cuarenta, Portillo formó junto con Elena Burke y José Antonio Méndez, el autor de La gloria eres tú, un movimiento al que se le llamó Filin, siendo una novedosa manera de interpretar el bolero, influenciado por las modulaciones del jazz, y que dio a este género típicamente cubano nueva expresividad, lo que la soprano aprovechó para intercalar agudas vocalizaciones en los puentes musicales. 

Ante el entusiasmo de la selecta y entusiasta audiencia, pues presentes estaban autoridades estatales, universitarias, culturales y locales, Gorra y Demster interpretaron junto con la Filarmónica sonorense dos números fuera de programa: en primer término las “Carceleras” de Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí (1851-1909), compositor indispensable para la historia de la Zarzuela; finalmente la canción Por ti volaré, éxito que diera a conocer a nivel mundial al tenor italiano Andrea Bocelli –con quien, por cierto, la soprano homenajeada actuó en el Auditorio Nacional de la ciudad de México– fue colofón del jubileo de plata del Festival Dr. Alfonso Ortiz Tirado, FAOT Internacional el evento musical más importante del estado de Sonora, y el único en nuestro país que pone el énfasis en la difusión del canto operístico y sus intérpretes.

Jueves 21 de 2010